Mucha tropa riendo en las calles
con sus muecas rotas cromadas
y por las carreteras valladas
escuchas caer tus lágrimas....
-Patricio Rey y sus redonditos de ricota-
Entrando al centro de hurlingham se oyen las cacerolas, veo a las mujeres y a sus joyas aplaudiendo, se oyen los bocinazos autos de ultimo modelo, se oyen los gritos de una clase.
Voy lento a tomar el colectivo el calor es sofocante, la primavera mas calurosa que viví.
En la parada del colectivo una señora espera junto con sus tres hijos y las bolsas de comida, atrás de ella , un hombre de zapatos mal gastados y ropa manchada de pintura espera también el mismo colectivo. Miran asombrados a la multitud de señoras con tacones altos.
Cuando voy llegando a mi barrio, a villa tesei, voy divisando las fogatas de hojas, huelo la podredumbre de los que no pudieron pagar sus cloacas, veo al tallerista de la esquina, veo a las costureras de la esquina escapándose brevemente para fumar.
Las cacerolas ya no se escuchan acá, solamente los pasos de los obreros de equimac, o quizás de alguna que otra señora que vuelve del almacén.
Acá se escuchan los chiflidos, la cumbia de la esquina las risas de los pibes, acá se ven las panzas flacas, los perros aullando... algún que otro grillo.
Acá se ven llegando las ultimas señoras que trabajan en las casas grandes de parque leloir, las gallinas del vecino de enfrente, los gritos de su bebe...