
Los ojos rotos, los sueños rotos, el caminar cansado, la puerta que jadea y el tren que no llega.
Caen unas monedas de mi bolsillo y no me interesa levantarlas.
Se acerca una joven de grandes ojos grises y de extenso cabello pelirrojo y las levanta.
¿Que?, no, no las quiero, si escuchaste bien, ¡No las quiero!.
Le grito y la joven sale corriendo en búsqueda de consuelo para su angustia.
Me golpean, siempre la policía fascista de ituzaingo te golpea.
Camino a casa porque no tengo las monedas para el colectivo, las monedas no me interesan, tu risa no me interesa, tus movimientos no me interesan.
Llego a casa. Otra vez dracula chupando sangre sobre mi sillón, otra vez el sillón rojo de sangre, mas allá... la cocina destruida por el chimpancé, el lobo que siempre intenta comerme, tu foto que intenta suicidarme y...
Suena el teléfono, no sos vos, así que cuelgo.
Me saco mis botas, mis medias, mi pantalón, el sobretodo, la camisa, la remera, me acuesto.
Cierro los ojos y un humo que se adentra en mi cerebro lo hace colapsar y...
-Marcos, ¡Marcos!, buen día, levántate que se te hace tarde.
-Ahí voy, vida.
Si, ahí estas vos.
Gracias.