domingo, 8 de enero de 2012

Jardín de mujer


A Miriam...

Ella esta atrapada entre cuatro paredes cinco días a la semana.
Cuando sale a respirar o almorzar la atacan miles de olores poco sinceros, plásticos y ella se intoxica.
Ella quisiera un jardin donde poner sus pies, donde sentir la tierra y poder mirar para arriba sin ver edificios, sin sentir temblorosos colectivos de ilusiones partidas, cargados de cuerpos sudorosos que una y otra vez les retumban en su cabeza dos palabras:
¿Por que?.
Ella conserva belleza de niña, dando pasitos tímidos, con sus ojos pardos escondidos bajo unas largas pestañas.
Un jardín, con flores, con pasto, con arboles con una pequeña fuente para pájaros, con esperanza arraigada en alegrías del hogar.
Mágicamente se transforma su corazón, ella lo descubre todas las noches sonríe y se tapa la cara, espía de reojo casi siente que lo transcurre, pero es pura irrealidad.
Proyección eterna de su subconsciente.
Realizaciones futuras.
Calidez que espera concretar.
Y mientras dormita por su cuerpo corren collares de alegrías del hogar y el colchón ahora es de tierra.
El jardín de una mujer,
el jardín de una madre,
el jardín de ella...




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