Mi barrio se iba tiñiendo de marron, beige y amarillo.
Las veredas eran un degrade de dichos colores y junto con el gris de las baldozas parecia una pintura.
Los perros vagabundos sollozaban a causa del frio.
Los perros on dueño sollozaban a causa de que los anteriores sollozaban.
Los arboles pelados lloraban gotas de rocio que tiernamente se deslizaban por las puntitas finales de las ramas.
Sobre la calle carhue vislumbraba un ejercito de arboles podados.
De a poco (hace unos dias) uno por uno los vecinos fueron podando sus arboles, al verlos tan desnudos de ramas y hojas cierta helada corrio por mi cuerpo.
El de los micros de la esquina de carhue y las provincias ahora ya casi ni los lava y su esquina es un peladero de gatos.
Los rotwailers de clarisa tiemblan en los colchones de hojas ¡Pobres perros, ni una frazada les tiran!.
Ruben (el de la vuelta de casa) ahora que el frio es un vecino mas va a seguir postergando la medianera, por el contrario los hijos del sodero cada dia avanzan mas a fondo con sus nuevos dormitorios.
Los pibes del barrio ya ni se juntan en la esquina a fumar, cada tanto un grito fugaz, cada tanto alguna frase bizarra a las muchachas de la calle nithingale.
EL sordo de bonorino ya no intenta suicidarse prendiendo fuego su casa o dejando el gas abierto, ahora mas bien, prende la estufa y procura que su nieta se ponga la campera impermeable que tiene la capucha azul.
A las chicas del fondo de carhue todavia les resta veranos eternos y creo que nada ni nadie puede censurar sus minifaldas.
El otoño casi invierno va invadiendo poco a poco mi barrio y lo transforma,
las caras,
los gestos mañaneros,
la fiaca,
el pan calentito,
las eternas capas de ropa...
EL otoño casi invierno que va dejando
morir lo viejo... para florecer en otro septiembre.
que va dejando
morir lo viejo...
para florecer en otro septiembre.