domingo, 9 de septiembre de 2012

Oxido

Ciertamente estaba yo a su lado, el estaba gastado oxidado.
Le faltaba pintura, le faltaban los vidrios en su trompa para poder ver mejor y que la lluvia no se deslice poco a poco por su piel de chapa.
Esa fuerza que nosotros tenemos en nuestro interior el lo tenia en su para golpes, hoy , caído y rebalsado de oxido.
Su sirena ya no resonaba por los rieles infinitos.
El ya no se perdía en los ocasos de pilar o de Zárate.
Sus costados ya no son apedreados por esa porcion de niños olvidados.
Ya nadie sentirá su cabalgata en los rieles, ni tampoco pisaran su suelo los calzados cansados del trabajo.
Pero hoy lo vi revivir, renacer como otro tipo de tren, sus compañeros lo ven y se llenan de pasión.
Los rieles lloran de emoción, las ruedas de los demás trenes crujen mas fuerte cuando pasan por su lado, como si lo aplaudieran.
Hoy los muchachos recorren su interior y el siente como si estuvieran acariciando, amándolo.
Se estremece al saber que sabrá, que se confundirá y volverá cien veces a los libros que los muchachos sueñan con guardar en el.
-Quizá me convierta en un sabio confundido, herido y curado....- (fantasea).
Poco a poco los muchachos se retiran de su interior.
Poco a poco cae la noche sobre Agronomia y los arboles se relajan, sienten el rocío.
Poco a poco se adormece y se da cuenta que hoy ya es mas que un oxidado
vagón de tren

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