Hoy solo disparan con los ojos,
antes los fierros,
la yuta,
las corridas por los techos.
Hoy son solo poxirran y algunas otras cosas.
La calle asfaltada,
las pintadas en las paredes de la equimac:
"el chino" (dale gallo!),
la cutiembre recuperada por los obreros, los antiguos, los verdaderos.
Y solo nos calma los riff ricoteros,
o el hecho visceral de oír el barrio en cada paso que omite nuestras suelas.
Ese puntero obsesivo que los mantiene quietitos
ni se imagina el fuego,
la furia que recorre los barrios del oeste.

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