domingo, 29 de diciembre de 2013

El gran hotel

VIII
Es absurda esta ansiedad que me recorre.
Paseo por la laguna arbolada, se ha teñido nuevamente de rosa, violeta, y azul . Me resulta absolutamente hermosa. Me hace pensar que lejos estoy también de mi ciudad.
Aunque sea poco tiempo, siento cierta nostalgia.
Y siento , también, ganas de estar atrapada en sus sabanas.
Al margen de eso, cae el sol sobre mi piel que ya no posee escamas, sino que le habita una incontrolable sensación de estabilidad.
Tanta seguridad, que viajaría a buscar a quien la hace gozar.
Casi se comporta como un ente aparte que me obliga a buscar sus manos, sus dedos, y a gemirle al aire en mi hotel.

Como si ello lo trajera.


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