martes, 20 de mayo de 2014

Terrazas: el orgasmo y la explotación.

Se balancean sus piernas al desnudo de un consumo particular.
la hilera de entrada es un yugo de incapacidad de visión.
Me dio asco, sentí como esos cuerpos calientes eran alimentados por el negocio perverso.
Las mujeres eran carne, estaban en ropa interior. desfilando por las pistas con vaya saber cuanta merca encima. En sus ojos se veía la sensación agobiante de querer escapar.
Con yantas no entras, con remera tampoco, o si sos gordo, o si sos muy flaco.  El gigante en la puerta decide tu destino y tus vergonzosos cien pesos quedan dentro de tu billetera.
Tanta carne desprovista de cariño, de lucha, de sangre, lloraba en un paso arengado, 
en un baile de sexo sin placer, 
sin orgasmo,
 ni clítoris,
 ni una mierda.

Eran llanto, yo los veía rebotando con las grandes ladys del lugar,
eran llanto, ahogaba su incertidumbre, su alienación, su ceguera.

Y de tanto en tanto intentaban manotear una nalga,
un beso, un seno, un cabello.

Cuando el de camisa blanca, perfectamente arreglada y su perfume, sus ojos verde agua, su sonrisa picara y sus aires de grandeza se acerco hacia mi, intente escucharlo, me remarco mis cualidades, y después de su lamento de cinco de la mañana con tristeza y totalmente impactada por el negocio, la droga, la explotación le susurre al oído:
que era hermoso, pero 
que mi cuerpo era mas que puta joda de costanera.

Y allí quedo en medio de la calle, al amanecer con su miembro entre las piernas

y yo con la garganta entre las manos, asqueada de cigarros
tratando de escapar.

jueves, 8 de mayo de 2014

Si me recuerdo todavía su lengua, es pura coincidencia.

A mi querido compañero Joaquin
que me da fuerza para caminar entre tanto dolor.



Anda lentamente, cautiva, pasajera.
La he dejado dormir por un rato, le molestaba el cansancio.
La he dejado descansar, mirar el sol, respirar lentamente, sentir el viento entre sus senos.
Quiero que pueda caminar pero aun no esta lista, es tan frágil, la han dañado tanto.
Le cuesta hundir sus mejillas para formar en su rostro la sonrisa.
Aun así, es momento de soltar los deditos, las palmas de las manos,
la espalda que sigue aferrada a su pecho.
Dirigir la mirada, el cuerpo y la fuerza,  porque en su puerta golpea la huelga.
El fuego que nos mueve sigue encendido, pero ya basta.
No llores mas sonrisa.
Esta despierta.
Caminando a la movilización.
Con el alma arrastrando, con la certeza del calor de los besos que recuerda, con el penar de haber querido tanto.
Esta caminando a la revolución permanente