Desde las profundidades de la oscuridad venia caminando don atilio con su paso tranquilo casi como si la brisa marcara un compas por entre sus zapatos.
Caminaba lento pero ligero, pues su alma se sentia asi. Ligera.
Las luciernagas ya no existian en su vision de viejo angustiado pero aun asi no dejaba de sorprenderse por todo lo nuevo que le imponia la vida.
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