martes, 11 de octubre de 2011


Una enredadera que crece en mi panza, me oprime.

Crece bella y llena de vida, pero al mismo tiempo enreda mi plexo solar, se impregna en todo mi torso e introduce sus raices traspasando mi espalda. De esa manera puede subir a mi cabeza. Procesos que me resultan doloroso porque cada vez que nacen nuevas ramas mi cuerpo se agrieta como tierra seca del desierto.

A veces me resulta angustiante porque es lento,

la enredadera que me envuelve es muy lenta.

Pero a veces me da respiros:

Cuando la mimo roseandola con agua de amor,

cuando me saco las vendas que cubren mis heridas y

dejo el proceso de cicatrizacion a cargo de nuestro amado sol.

Por el contrario cuando me encierro en mis propias oscuridades, creo (inclusive) que el crecimiento de esta enredadera se agiliza y me envuelve hasta la garganta dejandome libre solo los ojos. Siento opresion placentera y endormecimiento desgarrador a causa de la falta de oxigeno.

Ahi entiendo que la enredadera es mi muerte y que avanza sin detenerse pero cede ante el amor y hasta ella misma (personificada sin sentido) se sienta a mi lado y desahoga sus penas con una cerveza entre sus sensuales dedos y me pregunta tristemente si sera su hora, si ascendera (por fin..).

Y con un abrazo modesto intento consolarla, pero ella clava sus ramas (puñales) en mi, castigandome, pidiendome, rogandome que me cure con amor y ahi..

Me acepto, me amo y

lagrimas de loto caen por mis mejillas y

ondeo en un rio de

amor universal.

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