Salí de casa con 30°c de calor, la cabeza bien mojada y ansiosa con lo que me podría encontrar .
Viaje una hora y cuarenta y cinco minutos con mi madre hasta llegar a la plaza de mayo.
En el camino, una mujer joven sube amamantando a un niño, vendiendo targetítas con mensajes de amor, toda golpeada en la cara, sucia y descalza.
La detengo, le doy las pocas monedas que tengo y le susurro tomándole las manos gastadas:
"vos también te mereces todo lo mejor".
Ella queda sorprendida y me agradece sin dejar de caminar sigue vagón por vagón. Un hombre la empuja y le da un pequeño golpe en la panza y ella recibe las demas targetitas.
Yo tambien recibo ese golpe y me pregunto porque no puedo ayudarla un poco mas.
Sigue mi camino ligero e incomodo de tren roto y sucio.
Llego a plaza miserere, desciendo a la boca del subte. Ahí, se empiezan asomar tímidas remeras que sugieren democracia.
Subo al subte, bajo en piedras, salgo de la boca del subte casi como saliendo de una caldera atestada de carbones encendidos humanos. Miro a mi alrededor, el sorprendente centro de la ciudad de buenos aires lleno de monstruosos edificios, de humo y vacio de gente apurada.
Diviso la plaza de mayo, llena de banderas, y siento una breve angustia de saber cuan divisorias y apartantes me resultan las mismas.
Cuando entro en la plaza me bendicen la humadera de animales muertos en parrillas y se me revuelve el estomago.
Me dan una botella de agua y empiezo a perderme entre banderas y gente (querria decir "gentes" pero temo cometer un terrible error gramatical, las estructuras léxicas a veces me impiden fluir).
Encuentro un lugar medianamente vacio y me quedo ahi, impactada por el despliegue sonoro.
Tengo al movimiento evita a mi derecha y a mi lado izquierdo a unos jujeños de alguna agrupacion, algo asi como cooperativa titi, no recuerdo muy bien.
Los jujeños bailaban y masticaban interminables hojas de coca.
Trato de calmar mis sentimientos de intrusa zurda, de sapo de otro pozo.
El frescor del agua que cae, del rocio que nos regalan los bomberos me renueva mi caliente cuerpo.
Oigo las canciones de agite popular y no paro de cantarlas en "Idioma trotsco" en mi cabeza hasta que logro relajarme.
De pronto cierro los ojos y veo grandes destellos de luz a mi alrededor provenientes de la misma energia universal de la gente.
Mi corazon vibra debido a los acoples maravillosos de los artistas musicales.
Tangos, rock, folclore y diversos estilos que me obligan a bailar.
Resuena el himno nacional interpretado por charly garcia y sale la presidenta de la nacion.
Repudio y amor me confunden.
La veo ahi en el escenario, rodeada de monos con traje que la protegen y siento la frescura de una mujer pequeño que resulta ser un humano mas como yo, como vos, como todos y el repudio se transforma en amor y criticas politicas con interrogantes sobre cosas que faltan realizar.
Vuelvo hacia los brazos de mi madre y puedo sentir su viejo miedo a la dictadura, sus dudas, sus luchas y broncas, transformados en amor y alegria, ese amor en sus ojos me resulta totalmente emocionante y sanador, como si todo su pasado dictatorial estuviera sanado al maximo por caricias de actos publicos y democracias que me resultan muy ajenas para llegar a comprenderlas.
Veo a los hombres llorando su cuadro politico murio, como mueren tantos dia dia.
Me sorprende muchisimo el calor humano, el amor, y la solidaridad que emanan todos los seres humanos que habitaron ahi.
Veo en los ojos de mis hermanos la timida sensacion del verbo "confiar", los veo soltandose, amandose, bailando, cantando, llorando, riendo, comiendo,
y mi alma se llena de paz y amor
y realmente veo lo maravilloso de las personas
y lo mucho que se desea el cambio social
y lo mucho que hay por hacer
y la fuerza autóctona que se curara de estructuras y de divisiones.
Todos uno.
Las raices politicas peronistas que corren en mi ser, toda mi familia peronista y su pasion por ese ideal que no comparto en su totalidad me hace sentir mi verdadero lugar, como luchadora del amor.
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