...Tu temor que es tan puro y tan elegante...
Oscurecía la habitación, mis ojos cada vez divisaban menos su rostro (que se bifurcaba)
Caminaba a mi alrededor y sonreía, pero no demasiado por si alguna ilusión, algún espejismo se cruzaba en mi interior.
EL contorno de sus ojos marcaba el camino.
Corría, pero se sentía atado.
Ese lobo libre me quitaba el sueño, pero también se metía en mis sueños, sin permiso, y se heria
y volvía a descansar a mi regazo.
Cada tanto... lo veía sonriente.
Jugaba con el sonido del viento, se quedaba dormido a orillas del agua que me recorría hasta ahogarme.
De nuevo moríamos, su cara se distorsionaba, su mirada dulce, violenta y amorosa se apagaba. Mi cuerpo volaba en mil pedazos.
Luego, tiernamente, volvíamos a juntar cada ínfimo detalle de nuestros seres.
Una vez enteros, el me miraba y colocaba su cabeza en la llanura de entre mi cuello y mi mentón.
Por momentos besaba mis cienes y por momentos suspiraba sollozando su renacer.
Cuando se sentía listo acariciaba mi cuerpo una vez mas y en soledad se iba a buscar, a probar, a sentir su libertad.
Cada segundo que recuerdo mi corazón late ese amor.
El se acerca lentamente a llenar el espacio de calidez.
Me sumergí en las profundidades del mar y el lobo se hace ave, me protege.
Cae en picada al mar y los dos nos dejamos ir.
Mecidos por las olas nos atraviesan imágenes oníricas, sueños.
Cuando se torna todo una telaraña, un rayo de sol nos acaricia el rostro.
Nos abrazamos y seguimos durmiendo.madrugada de domingo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario