domingo, 17 de junio de 2012

Presente activo

Prendió la radio y una frecuencia le sentaba bien.
Divago en las ondas de los arboles que se mezclaban en su ventana.
Su dios había decidido tomarse unos días para relajarse y por el contrario se había quedado solo como siempre lo estuvo, con el humo de su cigarro, con un jazz sin sentido y unas ganas de  que le arda la garganta con un Highlands.
Se había aislado para enfriar sus pensamientos y en la habitación que había rentado, un cuadro de un militar levemente conocido lo miraba con curiosidad.
Abrió la ventana porque el aire se enviciaba de humo. La guitarra lloraba por sus ojos
                                                                                                          (cuerdas).
Flores. Un tío. Una madre. Una aspiradora y masajes ficticios corrían en su subconsciente.
Apago el ultimo cigarro y fingió que el techo alto, inmenso de su habitación era el cielo y derrepente se encontró caminando por el espacio.
Cansado de habitar en el vació, reposó su cuerpo en una estrella que parecía querer apagarse pero que lo acompañó por ese instante y en su mente lo abrazó.
Pasaron años o quizás unos pocos segundos y en el suelo blanco y vasto que pisaba le dijo que se levantara y siguiera.
Caminó unos pasos mas y sintió como ese suelo blanco era un salar de su tierra, de Argentina.
Las manos se le fueron en un cuaderno, se mancho sus pequeños dedos con la tinta azul de la pluma que le había regalado su abuelo.
Recordaba muy bien ese día.
Música tenue salia del viejo tocadiscos de la casa de su abuelo en entre ríos, recordaba que tenia los pies descalzos, embarrados y que sus manos olían a eucaliptos.
Recordaba también los ojos brillantes de su abuelo y las palabras suaves que pronunció cuando le dio su regalo:
- Te amo-
Sólo eso había dicho su abuelo.
Entre recuerdos su mente ceso, bajo la guardia y su corazón pudo sonreír, la música lo invadió y comprendió que no estaba solo, que siempre estaban ellas:
Su pluma y la música.
que lo abrazaban.
Sonrió, cerró la ventana, buscó un vaso de agua,
bebió.
Abrió las frazadas de su cama y se sumergió otra vez en los vastos confines de sus sueños

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