Me levante con ganas de sentir el aire de la mañana en mi
patio, de que el perfume de las rosas, ya marchitas, de mi patio penetren en
mis fosas nasales directo hacia mi corazón y así alivie este dolor.
Pero en el jardín el humo de la Rousselot se me metió por los ojos y ya no podía
ver nada, ni siquiera mis manos gastadas,
entre corriendo a mi casa y cuando quise acordar ya me estaba poniendo
la mochila en la espalda para salir a
trabajar.
Y cuando me quise acordar ya estaba en el trabajo, ya estaba
sin seguro, siendo un DNI y nada mas.
Y cuando me quise acordar ya estaba de nuevo en tu cama,
disfrutando de un placer momentáneo, sabiendo que cuando cruce la puerta el
cariño y el amor iban a desaparecer, aunque haya discutido hasta la madrugada
con el.
Yo cruzo esa puerta y mis senos desgarrados se sumergen otra
vez en este mal trago.
Este trago que es amargo y que tomo porque sino la claridad
de la realidad me satura.
Me creí perdida en medio de este desdén de policía, hambre y
aniquilación, me creí tan perdida que manche mis ojos de violeta, de corcho, de
cabernet.
Pero mientras corría de la policía, y de los pibes y de la
vida recordé los manifiestos, recordé las movilizaciones, pensé levemente casi
acariciando mi corazón…
Como voy a hacer para
atesorar la explosión revolucionaria de mis compañeros, esos que andan cargados de la explotación,
aquellos que andan cortando la calle, la ruta, ocupando los colegios, las
fabricas, las facultades.
Como voy a hacer para
atesorar la explosión de los ojos de Matías yéndose a Misiones a desarrollar su
potencial revolucionario, a generar alternativa.
Como voy a hacer para
recordarme toda la vida que en mi pecho corre la revolución
Y en mi carne la idea
de encontrar un amor tan libre que pueda dejarle las sabanas para su deseo.