Soy gastronómica, la que te atiende las calumnias, la que cada fin de semana se pone el disfraz de bolsa de box y se banca la papusa de una clase social.
Los gastronómicos son el desagote de mierda de la gente, el caño oxidado que la transporta y la mano que lo limpia.
Somos los que no percibimos salarios, ni convenios, ni aguinaldo, ni hora de descanso, ni nada.
Y se trabaja aunque se caiga el mundo
y se trabaja en malas condiciones,
y se trabaja en negro
y se trabaja bajo sometimiento del patrón, y del que se sienta en una mesa y se cree patrón.
Hoy me veo obligada a sangrar mi puta verdad porque tengo el pantalón y las zapatillas mojadas de lavar platos, porque mi alma quiere enseñar y en las manos tengo clavada una bandeja que me ha marcado para siempre.
Sangro porque levante vidrios con las manos,
porque vi a mi compañera matando una rata en agua,
porque tuve que bajar la cabeza, pedir perdón y tragarme la bronca.
Sangro porque me vi temblando de miedo cuando me olvide de sacar la basura o cuando no fajine o cuando no metí las manos en una canaleta.
Sangro porque la bronca que me invade no me va dejar mañana
ponerme el delantal.
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