Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Charles Bukowski
Me recuesto y comienzo a adentrarme en el fuego.
Ardo. Me rebelo. Me enojo. Gimo despacio.
Hondo, respiro muy hondo.
Huelo a perfume, me seduce, me seduzco.
Danzo en mi y me sumerjo en el océano.
Allí, a la orilla, veo el destello de un atardecer.
Ardo. Me rebelo. Me enojo. Gimo despacio.
Vuelvo a respirar hondo, siento que voy llegando hacia lo
desconocido, veo rostros, me veo a mi sonriendo.
Me muerdo los labios, saboreo, me busco, me encuentro.
Ardo. Me rebelo. Sonrío. Gimo despacio.
Hondo, respiro muy hondo.
A lo lejos veo las nubes, siento humedad.
Ardo. Me rebelo. Sonrío. Gimo despacio.
Abro mi boca exhalo, degusto.
Y con mi cuerpo ardiendo.
Me dispongo a descansar.
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