Escondidos tras el olor a cigarrillo, los cadáveres de vino tinto, las ventanas empañadas, la carne al desnudo. El se dispone a vestirse, ya ha hecho su deber. No piensa en nada mas.
Se entrecruza el bolso por la espalda, toma las llaves, le gira solo una vuelta al cerrojo, sale sigilosamente por la puerta trasera, y huye como gorrión.
En el transcurso, toma un café, sube al tren, lo empujan, lo aplastan, lo tocan, se pelea, se pelea mucho.
Cuando llega al trabajo, toma otro café, mira por la ventana, ya la ha olvidado.
Mas tarde, casi cuando la tarde esta bajando la abstinencia le corre por la sangre, mira de reojo para ver si alguien lo esta vigilando y al ver la nulidad de espectadores rápidamente se dirige a la terraza.
Allí enciende, le da fuerte, duro, ahoga, aspira hasta sus entrañas, aspira hasta olvidarse de que quiere sacar de sus recuerdos, su odioso trasero, la odia, la aborrece!
Sin embargo, va volver a contactarla para desechar su esperma en ella, la va dar vuelta, la va indagar con sus manos, romperá su vestido, la hará gritar de placer
y
otra
vez
se
ira
sigilosamente
por la puerta de atrás
huyendo como un gorrión.
Mientras la lluvia, llanto cae por la almohada de su amada. Mientras la agonía incesante de saber que soledad errante los asecha
el estará corriendo hacia el subte,
reojeando algún pecho, algún trasero, algunos ojos
para volver otra vez a depositar ese semen
ese dolor.
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