La agenda dice importante y se que no hay nada en ella mas que horarios y números
que no me van a servir
cuando este sola
en la hora
de mi
muerte.
O en la hora pico en el tren rápido rogando
la muerte.
Ella se encuentra tumbada de calor en sus aposentos, como una verdadera dama de la corte real.
Sus senos voluptuosos, sus grandes caderas, su sonrisa
los rizos cayéndole por las mejillas, como si fuera sagrada.
Yo inútil, aun, me quemo las piernas con ceniza de tabaco y ansío el momento de migrar a una montaña, o una cascada.
¡Si! una cascada que me asfixie las heridas y me saque la mala música de los oídos
o los placeres irremediables que me persiguen como los martillos del piano.
Bebo un vaso de gaseosa para aguantar las ansias de escupirle los ojos.
Quizás así no se encuentre tan ciego y yo tan sometida a sus labios.
El calor me penetra
otra vez necesito un trago para volver a imaginar
su grave voz en la ira.
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