Descubrí que las señoras van a los mercados a hablar con los repositores, porque no hay un carajo mejor que tengan que hacer
o porque las han dejado solas
o porque ya nadie se acuerda de ellas
o porque el gato no habla
o porque su sangre se va enfriando día a día.
Y cuando te dispones a descansar ya tu cigarrillo tiene que estar terminado.
Me había visto inmersa en el sabor que anhelaba, ya no sabia para donde mirar
descargaba cajas, y guardaba.
No tenia porque hablar con nadie, tenia esa ventaja. Aun así me sentía sola.
Nunca me había molestado estar sola, ya era costumbre, pero ese día particular
necesitaba un trago, un cigarro, un abrazo, un amigo, un perro, una boca
una espalda
una mano
su mano
su espalda.
Su calor al dormir, o algún calor al dormir. Porque mi sueño no era constante, ya casi nunca me acompañaba.
Necesitaba la sensación de que alguien dormía a mi lado, de alguien velando por mi.
Me sentía un bebe.
Hasta que fui por un trago, como dijo la paraguaya,
"los borrachos nunca lo estamos lo suficiente"
Volqué mi cuerpo herido en su cama,
Ella era mucho mejor,
Ella me ayudo a llorar.
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