que era su cuerpo,
su mente,
sus ojos penetrantes.
Encaminada como es costumbre hacia la espalda.
Enraizada entre sus brazos. Jugaba con sus piernas,
las mecía de un lado a otro.
Se le iba cayendo la camisa, el cinturón, las medias.
Al descubierto una pierna,
un brazo,
una mano que apretujaba,
una boca que lamia.
Los pensamientos eran tan confusos, por momentos todo era desconcertante,
salvaje.
Temía mucho
Temía mirarle
temía sentirle
Lejano se acerco hacia ella un sonido imperceptible
cromático ascendente
dulce
e inesperado.
Y la dejo durmiendo hasta el amanecer... pasado el mediodía...
No hay comentarios:
Publicar un comentario