[12 notas de un suspiro...]
VIII
Lo deje durmiendo, boca arriba, con una pequeña almohada
entre sus dedos sobre el pecho, sus ojos entre abiertos que siempre miraban me echaron
de ese calor.
Me levante, me calce la ropa y las yantas, y Salí a caminar.
Ya no me aguantaba el olor a pucho y las ganas de reventarme
la cabeza contra la pared.
Subí al tren. Me senté. Me dormí. Me despertaron.
Ella. Una piba. El. Un pibe. Cinco hijos.
La lluvia se deslizaba por las ventanas, por adentro de mi
cara y mi nariz y mi estomago, solo podía sentir la vibración del tren, que se hacía
tonalidad y acorde.
Intentamos cerrar la ventana. La lluvia mojaba a los críos.
Su cara estaba golpeada.
Mi pecho también.
III
Moría de ganas de gritarle, ya no soporto no entender la
inteligencia.
O mirar allá donde no me llamaba
O fijarme en las pequeñas aberturas de sus ojos, por donde
se colaba la verdad.
Moría de ganas de gritarle que lave mi cabeza
alborotada.
O que se vaya a la mierda.
O que venga corriendo porque no puedo dormir
ni pienso ya
en poder dormir.
