miércoles, 31 de diciembre de 2014

El ultimo manija.

[12 notas de un suspiro...]

VIII
Lo deje durmiendo, boca arriba, con una pequeña almohada entre sus dedos sobre el pecho, sus ojos entre abiertos que siempre miraban me echaron de ese calor.
Me levante, me calce la ropa y las yantas, y Salí a caminar.
Ya no me aguantaba el olor a pucho y las ganas de reventarme la cabeza contra la pared.

Subí al tren. Me senté. Me dormí. Me despertaron.

Ella. Una piba. El. Un pibe. Cinco hijos.

La lluvia se deslizaba por las ventanas, por adentro de mi cara y mi nariz y mi estomago, solo podía sentir la vibración del tren, que se hacía tonalidad y acorde.

Intentamos cerrar la ventana. La lluvia mojaba a los críos. Su cara estaba golpeada.


Mi pecho también.


III
Moría de ganas de gritarle, ya no soporto no entender la inteligencia.
O mirar allá donde no me llamaba
O fijarme en las pequeñas aberturas de sus ojos, por donde se colaba la verdad.
Moría de ganas de gritarle que lave mi  cabeza alborotada.
O que se vaya a la mierda.
O que venga corriendo porque no puedo dormir
ni pienso ya
en poder dormir.



jueves, 25 de diciembre de 2014

12 notas de un suspiro...

V

Puedo deslizarme sigilosamente por la casa como un gato, quizás lo soy.
Y tomar leche desesperadamente
Y ansiar la vida en silencio en el techo, sin decir ni una palabra.
Gritar de placer.
Puedo sentir el miedo, cuando ataca,  saben herir y medir mis movimientos.
Aunque caiga y caiga, soy como un gato, con varias vidas, ya perdí dos o tres.
Puedo oírle  el chillido de dolor, que es un susurro, porque soy como un gato que se hace el desentendido, pero sabe bien que ocurre. 
Y me estiro entre sus piernas, para acomodarme en su regazo, mientras le invento un cuento dulce, o entrecierro los ojos para dormir, para descansar

Que cansancio la puta madre.




I
En ese tiempo se encontraba en estado de vigilia constante,  lo sabía porque su cuello temblaba, sus dientes rechinaban, aunque me ocurrían sueños o más bien, pesadillas tan tormentosas, sabía que él tampoco dormía.
Y me enroscaba en las sabanas,
Y me miraba dormido
Yo le temía.
Y le temo

lunes, 8 de diciembre de 2014

Lamiendo la copa de vino

Por cierto había sido un viernes como cualquiera, una copa de vino, un cigarrillo, alguna espalda o lo que sea. Muchas ganas de contemplar no me habían invadido esa noche.
Camine hacia sus ojos, y termino barnizandome la puta cara con olor a reo y tristeza. Gratuitamente, siendo poste de luz, otra vez,  
¡que importaba!

La maleza se hacia carne otra vez.
Y al andar
solo quedaba respirar el aire fresco de las mañanas que había perdido
disfrutar de la gota de néctar que me daría, o dijo que daría.
Aun así me enloquecía la espalda pensarle sobre mi.
A pesar de su voz exaltada
y de las imágenes tumultuosas
me había vaciado las fuerzas 
se las había robado con la boca.

Y así todo, recupere el aliento
y respire saber que estaba viva
y respire la agonía
y respire las sutilezas
y respire el cosquilleo desde mis tobillos a la cintura.

Y asi todo, mire mi rostro
y me excite