Discúlpame mi amor, pero el cabernet me gusta y me hace menos daño que vos.
Aunque duermo entre sabanas distintas busco volver a casa.
Las piernas que irrumpen tu cama solo son gemidos,
bellos gemidos sin cerebro.
Sé que los adoras, como a mi posada en tu vientre.
Me abruma tu calor, me asfixio.
Camino por Las Heras aspirando mi humo, andando a paso tranquilo
de vez en vez sonrió, y te recuerdo,
me estremezco.
Ya voy llegando, siento los arboles y los moretones de la noche.

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