Yo deje ir al amor de mi vida, aunque suene tan dulce.
Pero es así, me gusto mas mi vida que sus ojos.
Y entre los caminos dispersos de este tren que tomo todos
los días hay candidez incesante, que me atrapa.
Lo mire a los ojos y le regale mi verdad, cruel, seca y sin
sentido.
Y camine un poco, me deje llevar por el humo y hoy se otra
vez que duermo en el frio de esta sensualidad que me acompaña en este
sentimiento de estar viva.
Escondida entre las sabanas.
Sonrió, sabia que adoraba esa suavidad.
Sonrió, sabia que adoraba esa suavidad.
Y me balanceo de placer.
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