domingo, 31 de agosto de 2014

Fantasía y el verano.

Sus manos se le acercaban, se iba sonrojando, aun le seguía incomodando su desnudez ante un extraño.
Cada rincón de su espalda era incertidumbre, le hacia pesar los parpados, se arengaba gimiendo.
Había bajado lentamente hacia su ombligo. Le molestaba. Aun así no podía controlar la temperatura de su cuerpo.
Fue hasta el cielo, a pesar de ello se sintió profundamente contraída, pensó al pasar que de ninguna manera esa carne vacía le quitaría el dolor, ni se compararía con su fantasía...cantarle sevillanas en las tardes de verano.
Cada una de las gotas de sudor que se deslizaban por su cuello, la trasladaba a escalas antiguas , y a pesar de todo eso,
y del placer, 
de la nuca, la espalda, los senos,
la pared, la sabana desordenada
y el colchón que cuidaba de sus cuerpos desparramados de calor.

A pesar de todo eso, 
la única fantasía que sentía sin cumplir, 
no eran los porta ligas, 
o las lamidas, 
o los lugares peculiares, 
sino que era caminar tranquila por los umbrales de la música, 
oyéndole la respiración y la serena lucha, 
su lucha.

lunes, 25 de agosto de 2014

En désirant ma peau

Las palmitas sonando en bulerias, el ritmo bien marcado a paso ligero,
a paso ligero te veía caminando por arriba mio, me pisabas fuerte, me pisabas intenso.
Como pisa intenso en la marcha, en la fabrica, en la hoguera que va arder.
Dentro de mi cabeza, la imagen de mi cuerpo rozando el agua, que era música.
La carne había empezado otra vez, y no entendía donde me encontraba, quizás era el vino que me desbordaba de la sangre que había expulsado hasta el hartazgo, o mis cuerdas vocales que gritaban sin parar, que ya ni cantaban, que ya solamente era polvo de cementerio, de ese que es frío.
Que me sentía perdida, que me quería dejar ir, que me encontraba, que me acomodaba, que me mecía, que me lamia, que me fruncía otra vez.
Sus pensamientos eran como un televisor, me asqueaba. 
Lo exprimí y deja ahí tirado, marchito, sin aire. Porque ya me había cansado de besarle la mierda como si fuera rosa.
En ese instante, sátira y sin conciencia me perdí en el placer, y desde entonces que me muevo, sigilosa por ese mundo de tempestad, de lluvia y piedra
de música y aire
de bocanadas.

domingo, 17 de agosto de 2014

Porta ligas, una barriada sin consuelo.

Estaba extendido por su garganta, dejándola sin aliento, sin apetito, sin ganas ni de dormir, ni de estar despierta.
Se mecía por toda su laringe, era moho, era la nada misma, era vacio e infección.
Cuando el éxtasis se apoderaba de ella, no podía emitir sonido, cuando el miedo la paralizaba su voz casi no existía.
Su juventud se iría extinguiendo poco a poco.
Y el humo…ah…ese humo.

La iba a acompañar hasta el dormitar intenso.
Y el coñac vacío
Y su cuerpo dolido.
Su intensidad disminuida en melodías de los 40.

La carne versus la pasion

La carne se pudrirá en mis manos, de hecho eso fue lo que sucedió.
La carne no es la pasión, ni la emancipación del amor,  quizás es solo un intermediario entre el sabor y el olor de la realidad.
Ayer charlaba con una pueblerina, que me contaba en palabras de papel y arrugas de tinta sobre las armaduras, esas que uno se pone para no mostrar lo que se nos ha enseñado a ocultar, y como después esa armadura se convierte en prisión y hace que nos marchitemos, o bien nos pudramos por dentro. Y fue lo mas hermoso que oí en este tiempo.
La carne es lo primero que se pudre, es tan frágil… deja al desnudo la trinchera horrorosa que nos oprime.
La carne nos ha convertido en encierro, pero te permito que roces mi pasión, que la conozcas hasta hacerla emocionar y a partir de eso…solo de eso podremos hablar de nuestra carne, de nuestra voz que gime incesante en los recuerdos de atardecer

A mis libros

Una mañana, no muy cálida, no muy fría, me sentía aprisionada por esta cantidad de sentimientos que me invaden, sentía como el agua del grifo caía sobre mi e igualmente me encontraba sucia, sentía como la toalla se restregaba por mi cuerpo y aun seguía mojada, sentía como cada objeto que rondaba a mi alrededor, que tenía una función específica no era útil.
Así como el sol no era útil, ni la tierra, ni un carajo.
Esa mañana, no muy cálida, no muy fría, me senté a contemplar la luminosidad que se adentraba por mi ventana, pasaron algunos vecinos que sonreían o escondían la mirada. De pronto sentí esa mierda que se te aloja en el medio de la tráquea y no te deja tragar, algunos dicen que es angustia, yo creo que es cobardía de no enfrentarme a la soledad o al desgano de tener que mirarle a los ojos como si no lo conociera.
Así que subí desesperada las escaleras y quise atravesar la biblioteca. Todos los libros se cayeron sobre mi cabeza, sobre mi espalda, mis brazos, mis dedos, mi pecho. Ahí estaban…esos libros que me acompañaron siempre, que me apañaron cuando el dolor era incesante, que me regalaron una tras otra alegría, que en definitiva eran la alegría constante de mi vida.
Tome un pasaje de R.  Sharma y me entendí entre esos amados libros:
“He tenido sueños y he tenido pesadillas. Supere mis pesadillas gracias a mis sueños
(…)

Empieza a amar otra vez la vida”