Estaba extendido por su garganta, dejándola sin aliento, sin
apetito, sin ganas ni de dormir, ni de estar despierta.
Se mecía por toda su laringe, era moho, era la nada misma,
era vacio e infección.
Cuando el éxtasis se apoderaba de ella, no podía emitir
sonido, cuando el miedo la paralizaba su voz casi no existía.
Su juventud se iría extinguiendo poco a poco.
Y el humo…ah…ese humo.
La iba a acompañar hasta el dormitar intenso.
Y el coñac vacío
Y su cuerpo dolido.
Su intensidad disminuida en melodías de los 40.
No hay comentarios:
Publicar un comentario