a paso ligero te veía caminando por arriba mio, me pisabas fuerte, me pisabas intenso.
Como pisa intenso en la marcha, en la fabrica, en la hoguera que va arder.
Dentro de mi cabeza, la imagen de mi cuerpo rozando el agua, que era música.
La carne había empezado otra vez, y no entendía donde me encontraba, quizás era el vino que me desbordaba de la sangre que había expulsado hasta el hartazgo, o mis cuerdas vocales que gritaban sin parar, que ya ni cantaban, que ya solamente era polvo de cementerio, de ese que es frío.
Que me sentía perdida, que me quería dejar ir, que me encontraba, que me acomodaba, que me mecía, que me lamia, que me fruncía otra vez.
Sus pensamientos eran como un televisor, me asqueaba.
Lo exprimí y deja ahí tirado, marchito, sin aire. Porque ya me había cansado de besarle la mierda como si fuera rosa.
En ese instante, sátira y sin conciencia me perdí en el placer, y desde entonces que me muevo, sigilosa por ese mundo de tempestad, de lluvia y piedra
de música y aire
de bocanadas.
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