La carne se pudrirá en mis manos, de hecho eso fue lo que
sucedió.
La carne no es la pasión, ni la emancipación del amor, quizás es solo un intermediario entre el sabor
y el olor de la realidad.
Ayer charlaba con una pueblerina, que me contaba en palabras
de papel y arrugas de tinta sobre las armaduras, esas que uno se pone para no
mostrar lo que se nos ha enseñado a ocultar, y como después esa armadura se
convierte en prisión y hace que nos marchitemos, o bien nos pudramos por
dentro. Y fue lo mas hermoso que oí en este tiempo.
La carne es lo primero que se pudre, es tan frágil… deja al
desnudo la trinchera horrorosa que nos oprime.
La carne nos ha convertido en encierro, pero te
permito que roces mi pasión, que la conozcas hasta hacerla emocionar y a partir
de eso…solo de eso podremos hablar de nuestra carne, de nuestra voz que gime
incesante en los recuerdos de atardecer
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