Son las ganas de reconocer una voz en toda esta mierda.
Ayer leía sobre toda la porquería de los ochenta, y el padre que nunca conoció.
Quizás por eso me gusta el blues, o el jazz, porque en medio de todas las plumas de ser mejor
hay un dolor errante en cada una de las notas que pisa la guitarra.
Cada sonido que se desliza sobre la pista, o sobre las copas de los que bailan
es un dolor errante
asqueroso
de ese que se te mete por las medias y te coje hasta no dejarte respirar mas.
De cuando ves a quien no querías ver
o de cuando intentas llegar a la nota que jamas vas a llegar.
Yo, por mi parte , solo escuchaba el silencio y la pulsación de cada succión en mi.
Me bebía cada uno de esos rostros elegantes
y me gastaba cada centavo en cerveza
y chocolates para la paraguaya
que tanta inspiración me da.
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