Había bebido el jugo que quedaba en la heladera, que estaba rancio
y que sabia a moho y que ya habia dejado de ser naranja.
Pateo otra vez esa alfombra de la entrada, no sabia porque carajo estaba ahí, todos los días pensaba en tirarla. Aun permanecía ahí.
Después de haber apretado los dientes durante toda la noche, habia que trabajar temprano.
En las dos horas que tenia hasta el centro rememoraba cada segundo de su cuerpo, distante, cercano
rodeándolo por siempre
rodeándolo hasta dejarlo solo, completamente solo.
Que delicia seria que este ahí junto a el, pero nada iba a pasar.
Ella se paseaba de bar en bar, se paseaba de cama en cama
de sabanas ásperas, de puchos hasta la ultima seca.
Chupando una y otra vez esa pija que con tanto asco
habia aprendido a amar.
Y aun así le reclamaba su ausencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario