lunes, 27 de abril de 2015

Ellos saben que yo me voy sin saludar.

Intente cruzar avenida san martín,
pero quede del lado del bar.
Y ahí estaba otra vez, con las piernas bien estiradas, las medias mas finas que tenia, los borcegos negros, los cordones perfectamente enlazados.
Del otro lado, estaba el, risueño, perverso, escondido, dulce, sincero, pero oscuro.
Como he de saber si me miraba, o me tocaba en su mente, o me acariciaba sobre sus sabanas, sobre su almhoada alchonada.
Como he de saber que le gustaban los besos suaves en la espalda y en los brazos.
Como he de saber que después de las cuatro de la mañana ya no bebía, o que los puchos le dejaban ese sabor amargo que el detestaba.
Como he de saber que sus manos eran grandes pero suaves y que danzaba en mi una cierta melodía conjugada, maltratada por el aturdid de las calles.
De la estación federico lacroze, precisamente, donde ame y arme mi primera melodía atravesada por esa cortina de humo en mi cabeza.
Como sabría yo, que iba a vestirme e irme sin siquiera saludarlo.
Ellos deberían saber que yo no saludo, que me ducho con agua bien caliente, que desayuno
sonrío
y me voy
a comprar puchos
y caminar hacia mi vida

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