domingo, 12 de abril de 2015

Sus sabanas grises.

Se me cae la nariz: Bebo el té. Como el pan. Escucho a mi madre decir y hablar del feminismo, a mi padre que pinta la entrada de mi casa para ella, porque si no existiese, su vida. ¡Su vida no tendría sentido!
Yo tiemblo en silencio,
Nadie tiene que saber del insomnio.
Nadie sabrá de las atroces pesadillas.
Nadie conoce sus ojos bastardos, sus uñas carcomidas.
Cómo explicarle que yo viajaba una hora y media para chuparle la pija.
Me iba de su casa triste, porque sabia que no existían sus manos, ni las caricias.
Al azar, elegía un bar.
Ellas siempre me estaban esperando, me cuidaban, hasta algunos días me decían que hacer.
Mis chelas queridas, trigueñas, negras, rojizas.
Que placer



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