En una esquina me levantaba la pollera, como si yo hubiese
sido la que estaba sentada a su lado, en su auto. Aunque, claro, el no era.
Yo estaba en otro lugar pensándole las sienes.
Me masturbaba porque el jadeaba y lo hacia porque yo lo
provocaba,
Aunque…era igualmente aburrido, como cuando el colectivo no
se acerca a la parada en la madrugada.
Al amanecer, me adentraba entre sus brazos, y me apretujaba
en su pecho, pero rápidamente yo le quitaba la piel.
El era una estrella de rock, nada le importaba demasiado.
Los polvos.
Los polvos que me conmovían.
EL era eso, un polvito.
Un tirito.
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